5.04.2009

Oficios

Todas las noches lo mismo: planchar el trajecito de enfermerita, calzarse las bucaneras (aguantando la respiración, ignorando el par de kilos recientemente adquiridos) y pintarrajearse como una puerta. Saludar al señor caño, interactuar con él unas horas. A la madrugada, volver, tirarse en la cama con los pies sucios, levantarse a la tardecita con los ojos adoloridos por el rimmel. Era complicado ser la directora de la Escuela Nocturna Nº5.

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