Como un rey,
como una divinidad,
todo lo sublime es
cómo la mía.
Al ver lo macizo,
al ver lo sabroso,
al ver lo crocante,
sólo hay algo que pensar:
"¡cómo la mía!".
De tamaño colosal,
se tambalea sin cesar,
nadie deja de pensar
que la quiere fornicar.
Por eso les digo al pasar:
es la mía, ámenla!
7.12.2009
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