Cenicienta habia estado varias veces en los bailes de palacio, por suerte el hada madrina tenia debilidad con ella y le concedìa los deseos que ella le solicitaba, pero nunca habia tenido que salir corriendo, en general a las diez y media u once, ya estaba en casa durmiendo, tal era el nivel de los candidatos.
Aquella noche, el principe Urdemales la tenia en sus brazos cuando comenzo a sonar la primera campanada de las doce. Cenicienta apresurada, abandono tan prometedor abrazo y corrio escaleras abajo hacia el carruaje.
Resultaria redundante decir que en su huida Cenicienta perdió su zapatito de cristal.
Al dia siguiente, aun enamorada, se levanto temprano, se puso lo mas linda que pudo y abrio todas las ventanas, envio a sus animales a la espera de algun lacayo con almohadon y zapatito, que seguramente iria a buscar la dueña del principesco corazon.
Esperó, esperó, y nada. Nada ese día, ni al siguiente, el principe no aparecia, el zapato tampoco.
Sin zapato Cenicienta ya ni siquiera podria volver a ir a los bailes, era parte de la magia.
Pasó el tiempo y jamas nadie le volvio a mencionar aquel zapato.
En el reino de las doncellas descalzas el principe Urdemales descansa su siesta bajo la glorieta de zapatitos colgantes, sembrados de frutillas silvestres.
9.11.2008
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